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3 mayo 2009

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Voluntad de poder y sentimiento de poder

7 julio 2010

Ya sabemos lo que es la voluntad de poder: el elemento diferencial, el elemento genealógico que determina la relación de la fuerza con la fuerza y que produce la cualidad de la fuerza. De igual modo, la voluntad de poder debe manifestarse en la fuerza como tal. El estudio de las manifestaciones de la voluntad de poder debe ser llevado a cabo con el máximo cuidado ya que de él depende todo el dinamismo de las fuerzas. Pero, ¿qué significa la voluntad de poder se manifiesta? La relación de las fuerzas se determina en cada caso, siempre que una fuerza sea afectada por otras, inferiores o superiores. De donde se desprende que la voluntad de poder se manifiesta como un poder de ser afectado. Este poder no es una posibilidad abstracta: se cumple y se efectúa necesariamente en cada instante por las restantes fuerzas con las que la primera está relacionada. No debe sorprendernos el doble aspecto de la voluntad de poder: determina la relación de las fuerzas entre sí, desde el punto de vista de su génesis o de su producción; pero a su vez es determinada por las fuerzas en relación, desde el punto de vista de su propia manifestación. Por eso, la voluntad de poder es a un tiempo determinada y determinante, cualificada y cualificante. En primer lugar, pues, la voluntad de poder se manifiesta como el poder de ser afectado, como el poder determinado de la fuerza de ser afectada en sí misma. Es difícil, en este punto, negar en Nietzsche la inspiración de Spinoza¹. Spinoza, en una teoría extremadamente profunda, pretendía que a cualquier cantidad de fuerza correspondiese un poder de ser afectada. Un cuerpo tenía tanta más fuerza en cuanto podía ser afectado de un mayor número de maneras; este poder era el que medía la fuerza de un cuerpo o el que expresaba su poder. Y, por una parte, este poder no era simplemente una posibilidad lógica: a cada instante era realizado por los cuerpos con los que estaba en relación. Por otra parte, este poder no era una pasividad física: sólo eran pasivas las afecciones de las que el cuerpo considerado no era causa adecuada Para Nietzsche es igual: el poder de ser afectado no significa necesariamente pasividad, sino afectividad, sensibilidad, sensación. Es en este sentido que Nietzsche, antes de haber elaborado el concepto de voluntad de poder y de haberle dado todo su significado, hablaba ya de un sentimiento de poder: Nietzsche, antes de tratar el poder como un asunto de voluntad lo trató como un asunto de sentimiento y de sensibilidad. Pero cuando elaboró el concepto completo de voluntad de poder, esta primera característica no desapareció totalmente y se convirtió en la manifestación de la voluntad de poder. Por eso Nietzsche repite siempre que la voluntad de poder es «la primitiva forma afectiva», de la que derivan los restantes sentimientos. O, mejor aún: «La voluntad de poder no es ni un ser ni un devenir, es un pathos». Es decir: la voluntad de poder se manifiesta como la sensibilidad de la fuerza; el elemento diferencial de las fuerzas se manifiesta como su sensibilidad diferencial. «El hecho es que la voluntad de poder impera incluso en el reino inorgánico, o más bien, que no existe mundo inorgánico. La acción no puede eliminarse a distancia: una cosa atrae hacia sí otra cosa, una cosa se siente atraída. El hecho fundamental es éste… Para que la voluntad de poder pueda manifestarse, necesita percibir las cosas que ve, siente la proximidad de lo que le es asimilable»

¹ Si nuestra interpretación es exacta, Spinoza se dio cuenta antes que Nietzsche de que una fuerza no era separable de un poder de ser afectado,y que este poder expresaba su poder. Nietzsche no deja de criticar a Spinoza, pero sobre otro punto: Spinoza no supo elevarse hasta la concepción de una voluntad de poder, confundió el poder con la simple fuerza y concibió la fuerza de manera reactiva (cf. el conatus y la conservación).

Gilles Deleuze, Nietzsche y la filosofía, II, 11

Nietzsche encuentra a Spinoza

10 noviembre 2009

Estoy asombrado, realmente maravillado. Tengo un predecesor ¡y que uno! Casi no conocía nada de Spinoza: el que yo lo buscara precisamente ahora fue un acto del instinto. No sólo que su tendencia general es igual a la mía, de convertir el conocimiento en el más poderoso de los impulsos. Me identifico con cinco puntos principales de su doctrina: éste, el más inaudito y más solitario de los pensadores es el más cercano a mí precisamente en esas cosas: niega el libre albedrío, las finalidades, el orden cósmico-ético, lo no egoísta, lo malo. Mi soledad es ahora al menos una soledad a dúo.

Nietzsche

Carta a Franz Oberveck, del 30 de julio de 1881.

La vida y el espíritu del señor Benedicto de Spinosa o Tratado de los tres impostores (Moisés, Jesucristo y Mahoma), Anónimo clandestino (ss. XVII – XVIII)

3 julio 2009

Baruch o Banedicto de Spinosa se ha ganado un nombre tan poco honorable en el mundo por lo que se refiere a su doctrina y a la singularidad de sus sentimientos en materia de religión que, como dice el autor de su Vida al comienzo de esta obra, es preciso, cuando se quiere escribir de él, o en su favor, esconderse con tanto cuidado, y usar de tantas precauciones, como si pretendiese cometer un crimen. Sin embargo, nosotros no creemos que debamos hacer un misterio del hecho que confesamos, de que hemos copiado este escrito según el original, cuya primera parte trata de la vida de este personaje y la segunda proporciona una idea de su espíritu.

Prefacio a “La vida y el espíritu del señor Benedicto de Spinosa o Tratado de los tres impostores (Moisés, Jesucristo y Mahoma)”, Anónimo clandestino (ss. XVII – XVIII)

Hacer algo una infinidad de veces

20 junio 2009

Hacer o padecer algo debe existir de una determinada manera. Nietzsche dijo que no es difícil saber si algo está bien o no lo está: imagínense a sí mismos haciéndolo una infinidad de veces.

¿Podría hacer de aquello que hago, de aquello que digo un modo de existencia?

Si no logra hacer algo así, haga otra cosa.

Filosofía y teología. Dios y causalidad inmanente. Primera clase de “En medio de Spinoza” por Gilles Deleuze

20 junio 2009

Leo el libro de Gilles Deleuze, «En medio de Spinoza». Ya había leido el prólogo de la editorial Cactus, interesante.

La primera clase lleva por título «Filosofía y teología. Dios y causalidad inmanente» y es de noviembre de 1980.

Comienza Deleuze con la observación de que el primer libro de la gran obra de Spinoza, la Ética, se llama «De Dios», lo que le sirve para una serie de consideraciones acerca de cómo la filosofía de ese tiempo habla todo el tiempo de Dios. Eso, paradójicamente, resulta ser el lugar de una máxima emancipación con respecto a la religión. Como en la pintura, que pone como ejemplo, el filósofo se permite la libertad de elección de las líneas, los colores, los conceptos en su caso. Con Dios todo está permitido.

Dios y el tema de Dios han sido para la filosofía la ocasión irremplazable de liberar lo que es el objeto de la creación en filosofía —los conceptos— de las coacciones que se le habían impuesto, de ser la simple representación de las cosas.

El concepto es liberado al nivel de Dios porque ya no tiene por tarea representar algo; deviene en ese momento una presencia.

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Spinoza se coloca desde el inicio en condiciones tales en que eso que nos dice no tiene nada que pueda ser representado. Eso que Spinoza va a llamar «Dios» va a ser la cosa más extraña del mundo. Va a ser el concepto en tanto que él reúne el conjunto de todas esas posibilidades. A través del concepto filosófico de Dios se hace la más extraña creación de la filosofía como sistema de conceptos.

Otros filósofos —Leibniz, p.e.— utilizan el tema de Dios para la creación de un conjunto de conceptos. […] la filosofía se sirve de Dios, en esa época, para que los conceptos no estén obligados a representar algo preexistente, algo dado. No se trata de preguntarse lo que representa un concepto. Hay que preguntarse cuál es su lugar en un conjunto de otros conceptos. En gran parte de los grandes filósofos, los conceptos que crean son inseparables y están tomados en verdaderas secuencias.

Esto ya se observa por vez primera en el Parménides de Platón. (Primer tiempo: supongamos que lo Uno es superior al Ser., que lo Uno está por encima del Ser. Segundo tiempo: lo Uno es igual al Ser. Tercer tiempo: lo Uno es inferior al Ser y deriva del Ser.)

También posteriormente en Plotino. Él nos habla de lo Uno como origen radical del Ser, a un cierto nivel. Ahí el Ser sale de lo Uno. Lo Uno hace ser, entonces no es, es superior al Ser. Este será el lenguaje de la pura emanación: el Ser emana de lo Uno. […] Esta es la fórmula misma de la causa emanativa. Plotino va a hablarnos en términos espléndidos y en términos líricos del Ser que contiene todos los seres: el Ser que comprende todos los seres. […] Dirá que el Ser complica a todos los seres. Es una fórmula admirable. ¿Por qué el Ser complica a todos los seres? Porque cada ser explica el Ser. Habría un doblete: complicar, explicar. Cada cosa explica el Ser., pero el Ser complica todas las cosas, es decir, las comprende en sí. […] ya no se trata de la emanación. Ustedes dirían que la secuencia ha evolucionado. Él va a hablarnos de una causa inmanente. Y, en efecto, el Ser se comporta como una causa inmanente con relación a los seres. Pero, al mismo tiempo, lo Uno se comporta con relación al Ser como una causa emanativa. Y si se desciende más, se verá en Plotino —que sin embargo no es cristiano— algo que se parece mucho a una causa creativa.

Hasta Spinoza la filosofía ha funcionado esencialmente por secuencias (de conceptos). Y en esta vía, los matices concernientes a la causalidad han sido muy importantes. ¿La causalidad original, la causalidad primera es emanativa, inmanente, creativa o aún otra cosa?

Si bien la causalidad inmanente estaba presente todo el tiempo en la filosofía, siempre lo estaba como tema que no iba hasta el límite de sí mismo. ¿Por qué? Porque era sin duda el tema más peligroso: «usted confunde a Dios y a la criatura». Ya no se sabe muy bien como distinguir la causa del efecto.

G.D. Noviembre de 1980

Derecho natural. Segunda clase de “En medio de Spinoza” por Gilles Deleuze

20 junio 2009

Leo el libro de Gilles Deleuze, «En medio de Spinoza».

La segunda clase lleva por título «Derecho Natural» y es de Diciembre de 1980.

Comienza la segunda clase con una contraposición entre dos concepciones del Derecho Natural. Pero antes Deleuze hace una pequeña excursión por el concepto de “possest” de Nicolás de Cusa.

Ésta es una palabra inexistente que Cusa crea a partir del infinitivo posse del verbo poder y est, tercera persona del verso ser en presente. El ser de las cosas es el “possest”. Será precisamente la identidad de la potencia (posse) y del acto por el que defino algo (est). Ya no defino la cosa por su esencia. Lo que esa cosa es lo definiré por lo que ella puede, por lo que puede en acto. Las cosas son potencias. Lo que quiere decir que las cosas tienen más o menos intensidad. Lo intensivo de las cosas es lo que reemplaza a su esencia: la intensidad de la cosa es su relación con el ser.

Si hay algo que la fórmula «la potencia es la esencia misma» no quiere decir es que lo que cada uno quiere es el poder. Vemos lo que Spinoza (Nietzsche después) nos dice: lo que las cosas quieren es la potencia. El poder no tiene nada que ver. La potencia no es objeto de la voluntad.

En esta fórmula las cosas ya no están definidas por una esencia cualitativa («el hombre es un animal racional»), sino por una potencia cuantificable. Cambian muchas cosas si me intereso por lo que pueden las cosas. No es la misma manera de ser en el mundo. Leer más…

Ontología, ética y moral. Tercera clase de “En medio de Spinoza” por Gilles Deleuze

20 junio 2009

La clase tercera lleva por título «Ontología, ética y moral», y es la segunda clase del mes de diciembre de 1980.

Deleuze se plantea en primer lugar ¿qué es lo que hace que Spinoza llame a esta ontología pura una ética? Con la sospecha además de que una ética no tiene nada que ver con una moral.

La ontología pura de Spinoza se presenta como la posición única absolutamente infinita. La substancia única absolutamente infinita es el ser. El ser en tanto que Ser. Los entes ya no serán seres, serán modos, los modos de la substancia. ¿Qué es un modo? Es una manera de ser. Los entes o existentes no son los seres, sólo tiene como ser la substancia absolutamente infinita. No somos seres, seremos maneras de ser de esa substancia.

¿Cuál es el sentido inmediato de la palabra ética, en qué se distingue de la moral? La ética nos es conocida hoy bajo el nombre de «etología» como ciencia práctica de las maneras de ser. ¿En qué se diferencia de la moral?

El objeto de la ética, de la etología, es intentar componer un paisaje de las maneras de ser. En una moral, al contrario se trata de dos cosas fundamentalmente soldadas: de la esencia y de los valores.

No creo que una moral pueda hacerse desde el punto de vista de una ontología, dice Deleuze. ¿Por qué? Porque la moral implica siempre algo superior al Ser. Lo que hay superior al Ser es algo que juega el papel de lo Uno, el Bien; es lo Uno superior al Ser. La moral es la empresa de juzgar no sólo todo lo que es, sino también al Ser mismo. Sólo se puede juzgar al Ser desde una instancia superior a él. Leer más…